miércoles, 25 de abril de 2012

LA PARABOLA DEL FRANCES VIAJERO Y LOS CANTEROS

Cuenta la leyenda que un viajero francés realizaba a caballo el camino de Santiago y que al pasar cerca de Miranda del Ebro, en la confluencia de las actuales provincias de Burgos, Logroño y Vitoria, avistó una cantera. Obervador avezado, se quedó perplejo al contemplar a tres canteros que afanosos realizaban el mismo trabajo, el mismo trabajo, con una actitud bien diferente en cada uno de los tres. Detuvo su montura y observó mas atentamente, para intentar comprender qué hacía que cada uno se condujera de una forma tan dispar.
El primer cantero se paraba constantemente durante la realización del trabajo, se quejaba, vociferaba y maldecía asqueado.
El segundo se mostraba silencioso, ensimismado y como el anterior, utilizaba las herramientas propias de los canteros, pico, cincel, escoplo y martillo, para dar forma a las piedras que arrancaba de la tierra. Sus paradas no iban acompañadas de quejas, sólo de una atención concentrada para comprobar la calidad de su propio trabajo.
El tercer cantero, como los anteriores, también arrancaba, cincelaba, comprobaba… pero entonando una alegre canción, ensimismado en su trabajo. Sus paradas de comprobación iban acompañadas de gestos claros de interpretar: se sentía satisfecho de lo que hacía.
La aparente disonancia hacia que el viajero francés se fijara con más ahínco en los canteros, tratando de evaluar cualquier gesto o circunstancia que le diera la clave de sus desiguales comportamientos. Nada. Pasado un tiempo se rindió. No comprendía, así que decidió preguntarles.
Se dirigió al primer cantero y le preguntó: “¿Qué hace usted?”. El cantero le miró de soslayo escéptico del interés de viajero. Le explicó entre dientes qué pasaba. Del alba al anochecer, la jornada de trabajo siempre era igual haciendo lo mismo, día a día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Si llovía se mojaba. Si hacía sol, se tostaba. Maldecía su mala suerte.
El segundo cantero se sorprendió de la pregunta, “¿Qué qué hago?” y le explicó como daba forma a las piedras que arrancaba. Se preocupaba de manera casi obsesiva de que las piedras quedaran en forma cúbica. Y diciendo esto, continuo.
El tercer cantero había escuchado las conversaciones, ya le esperaba, lo recibió con una sonrisa y antes de que el francés pudiera decir nada, se anticipó contestándole con evidente satisfacción. “Estamos construyendo la Catedral de Burgos” –dijo- y siguió con su trabajo y sus canturreos.

¿CUAL ES TU CATEDRAL DE BURGOS?

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